¿Alguna vez os han pagado por practicarle una felación a un burro? ¿O sacado cuatro muelas de una tacada? Al Escritor Maldito sí, obviamente.

Para liquidar a alguien, especialmente si alguien es un tipo gigante que podría reducirte a pulpa en dos segundos, es recomendable tener la cabeza despejada. Pero el Escritor Maldito no puede dejar de pensar en el éxito de Nova Dulce y su Comerás nubes.

Tras pifiarla a base de bien en su última desventura (vg.: OBJETIVO), el despiadado señor Corvo decide torturar al pobre Escritor Maldito de la manera más retorcida posible: obligándolo a comer el queso más nauseabundo, ilegal y tóxico de la historia: el casu marzu. ¿Sobrevivirá?

El Escritor Maldito entrena ante su Remington para retomar la escritura de la Gran Novela Española del siglo. Pero ha perdido la costumbre y se distrae a la mínima de cambio. Así que decide hacerse una paja para aliviar tensiones. Obviamente, no será una paja cualquiera.

El panorama laboral está fatal. La Cultura ha muerto. Y desde que el señor Corvo pasa de su culo, al Escritor Maldito le falta trabajo. Necesita comer y drogarse. Así que, en pleno mes de agosto, acepta trabajar en una granja de cucarachas china situada en los mares de plástico.

El Escritor Maldito regresa a su isla natal, Gran Canaria, con lo ahorrado (y robado) la aventura anterior, decide un retiro ascético a una cueva guanche como los antiguos eremitas medievales. Unos jipis playeros en busca de un chamán de la zona lo invitan a sumarse a la comunidad.